Las puertas cortafuego: Una protección segura contra accidentes

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Las puertas cortafuego, también conocidas como puertas resistentes al fuego, son piezas de metal, madera o vidrio que se instalan para evitar la propagación de un incendio mediante un sistema de compartimentación y para permitir una rápida evacuación del edificio.


Las más comunes son las puertas cortafuegos pivotantes. Una puerta blindada se consigue mediante la integración de una chapa de acero de 1,5 mm. de espesor para aportar mayor consistencia a la puerta. Con el objetivo de garantizar la máxima seguridad, el cerco existente se refuerza mediante una chapa de acero de 1,5 mm. de espesor en el lado de la cerradura y se fija a la pared mediante 6 tacos de expansión, tres a cada lado.

En estas puertas se ensaya que la temperatura de la hoja no pase de 140 grados centígrados de media, 180 grados centígrados en cualquier punto de la hoja y que el marco no pase de 360 grados y por otro lado se comprueba la estanqueidad a gases inflamables. Sin embargo, no es el único modelo disponible.

Las puertas cortafuego guillotinas están diseñadas para el cierre de huecos verticales. Por ejemplo, el paso de cadenas de montaje o espacios reducidos en anchura, donde es imposible el uso de otro tipo de puerta. Un aspecto fundamental es que cuentan con un sistema de motorización que recibe las señales para su actuación del sistema de detección de incendios del edificio. Este sistema de cierre en caso de emergencia permite el cierre de la puerta a una velocidad de 0,20 m/s de forma que su cierre no sea violento y garantice la seguridad de las personas.

Finalmente, las puertas cortafuegos correderas están diseñadas para cerrar huecos que por sus grandes dimensiones o simplemente por estética. Su presencia es común en grandes zonas de parking de vehículos, naves industriales, grandes salas de centros de convenciones. Además de contar con la opción de apertura y cierre automático, la puerta también  pueden incorporar elementos de seguridad destinados a la protección de personas u objetos (fotocélulas, barreras de presión…) de acuerdo con las normas en vigor.

Debido a las características de los componentes y aditivos que forman el aislamiento interno de la puerta, se estima la vida útil por un periodo no superior a 20 años. De esta manera, los expertos y empresas recomiendan no agotar dicho plazo si se observa deterioro en la puerta o sus componentes.

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