La protección del hogar: nuevos hábitos y herramientas

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El tercer presidente de los Estados Unidos, Thomas Jefferson, afirmaba que “los mejores momentos de mi vida han sido aquellos que he disfrutado en mi hogar, en el seno de mi familia”. Un espacio único donde se puede compartir con los seres queridos, abandonar por unas horas las preocupaciones cotidianas y recargar las fuerzas para comenzar otra vez al día siguiente. No obstante, no se trata de un ‘oasis’ resguardado contra todo riesgo, por lo que es necesario tomar algunas consideraciones que ayudarán a proteger todo el valor material y emocional que está entre paredes y techos.

El hogar, visto como una fortaleza, debe reducir al mínimo las posibilidades de que un intruso entre a la propiedad. Esa primera barrera no sólo pasa por la instalación de varias cerraduras, rejas o alarmas, sino también por un proceso de educación de todos los que están en el hogar. En este sentido, es fundamental evitar caer en la técnica del ‘Caballo de Troya’. Muchas veces los delincuentes acceden a la vivienda con la excusa de tener que hacer una llamada de emergencia, revisar alguno de los contadores u otras excusas, por lo que el primer paso es tener mucha precaución con las personas a las que se dejan pasar, así como enseñar a los más pequeños que no deben abrir la puerta a desconocidos.

Con el uso de las nuevas tecnologías, la información se traslada a una gran velocidad y, en muchas ocasiones, descontroladamente. En este sentido, hay que ser prudente con los datos personales y los mensajes que se envían, ya que, de caer en las manos equivocadas, podrán ayudar para aportar información que gane la confianza de las personas dentro del hogar hasta acceder a su interior o, por ejemplo, conocer a qué horas la propiedad está sola.

En situaciones de robos o ingresos al hogar, toda ventaja será fundamental. Por eso, hay que intentar ir un paso por delante de los delincuentes, lo que permitirá una reacción más rápida y ágil. Algunas de las técnicas que se pueden implementar es tener los números de emergencia cerca del teléfono, tener la llave a mano cuando se entrará a la propiedad de noche y en zonas pocas transitadas (reduciendo el tiempo de actuación para abordar a la persona que entra a la casa), tener pensadas varias vías de escape para ser utilizadas en caso de emergencia o, incluso, tener un espacio pensado para poder esconderse sin ser percibido con facilidad.

El incorporar hábitos de seguridad en el núcleo familiar ayudará a reducir las opciones de ser víctimas de un robo. No obstante, siempre será importante contar con herramientas que ayudarán a aumentar las medidas de seguridad. La más común es el reforzamiento de la puerta principal de la vivienda, por lo que se incluyen cerraduras que enganchen en varios puntos diferentes del marco, así como el uso de materiales como metal o madera maciza para aguantar mejor posibles golpes.

Las ventanas también puede ser una vía de entrada a la propiedad, por lo que, al menos, se tendrá que controlar que las persianas o las ventanas estén cerradas con su traba. En la misma forma, es importante saber a qué información puede acceder el ladrón con sólo asomarse a la ventana: desde cuántas personas están en la casa, hasta los sistemas de seguridad que se han implementado y los ángulos muertos de las cámaras de seguridad. A veces, los espejos, que parecen una buena opción decorativa, se transforman en un aliado de los delincuentes para conocer más del inmueble que buscan robar.