Cuando en 2010 el desarrollador Eric Butler lanzó su extensión FireSheep para Firefox, causó un revuelo. La extensión permitía la detección y captura de cookies no encriptadas que pasaban en una red inalámbrica. En otras palabras, desde el popular navegador, cualquiera podía leer las cookies de otros usuarios. Quien se lo propusiera podía secuestrar las cookies de sesión que se usan para autentificar a otros usuarios en un servidor remoto.